El
embarazo precoz
Embarazo
adolescente o embarazo precoz es aquel embarazo que se produce en
una mujer adolescente: entre la adolescencia o pubertad –comienzo de la edad fértil– y el
final de la adolescencia. La OMS establece la adolescencia entre los 10 y los 19 años. La mayoría de los embarazos en
adolescentes son considerados como embarazos no deseados, provocados por la práctica de relaciones sexuales sin métodos anticonceptivos.
En general el término también se refiere a las mujeres embarazadas que no han alcanzado la mayoría de edad jurídica, variable según
los distintos países del mundo, así como a las mujeres adolescentes embarazadas que están en situación de dependencia de la familia de origen.5
El embarazo en una mujer adolescente puede llegar a término, produciéndose el nacimiento, o interrumpirse por aborto, ya sea éste espontáneo o inducido, en éste último caso de manera legal
o ilegal dependiendo de la legislación de cada país.
El Embarazo en adolescentes, cada vez más frecuente en países en desarrollo, es considerado como un problema prioritario en salud pública, especialmente en comunidades deprimidas, debido a su alto riesgo de morbilidad: bajo peso al nacer, prematurez y un alto riesgo de morbi-mortalidad materna, perinatal e infantil (1-2). En países del tercer mundo como EL SALVADOR, es costumbre que la mujer tenga su primer hijo siendo una adolescente
El embarazo en
adolescentes es un producto de la patología social: negligencia
paterna, carencia afectiva, inseguridad, pobreza, ignorancia, violencia. La adolescente embarazada es la presa
de la hipocresía de una sociedad que perdona sus actividades sexuales y
condena su embarazo. Consciente o inconscientemente, deliberadamente o por
impotencia, se da mayor libertad sexual a los jóvenes, pero la sociedad
permanece o vuelve a ser repentinamente moralizadora y represiva frente a las
consecuencias de dicha libertad. Achacar la culpabilidad y la responsabilidad a la adolescente evita a los adultos el
preguntarse por su propia responsabilidad y culpabilidad. El rechazo es la
reacción más cómoda; se pone una simple etiqueta, a fin de no
ver que se trata de un problema más general. Al condenar a la joven embarazada,
se defiende a la sociedad y sus instituciones. El rechazo es a veces muy disimulado
y puede adoptar el disfraz de una solución de acogida o de integración. Multiplicar los auxilios de carácter material o medico puede corresponder a
un proceso de exclusión. Crear establecimientos donde las jóvenes viven su
embarazo bien protegido y vigilado para no correr con el riesgo de herir el
pudor y el equilibrio psíquico de los adultos, muestra más marginación que posibilidad de
favorecer la integración social. Tener piedad de la joven embarazada es colocar
a la "pobre chica" en una categoría aparte, víctima de falta de
protección de la familia y del egoísmo de los hombres; es
levantar una barrera entre el testigo impotente y silencioso, y los otros, los
responsables.El embarazo y la
maternidad en la adolescencia tienen un alto carácter peyorativo, tanto para la
misma joven como para su hijo si la gestación llega a término. Las dificultades
son numerosas, a corto y a largo plazo: el adolescente es frágil y se vuelve más
frágil aun por el embarazo; el pronóstico médico, escolar, familiar y
profesional resulta sobrio, al igual que el futuro del niño y la relación
madre-hijo; los embarazos seguidos y demasiado precoces constituyen un factor
de alto riesgo y la joven madre tiene pocas probabilidades de llegar a formar
un día una familia estable, o incluso de llegar a obtener un estatuto de
autonomía social.

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